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PoU 2. Avanzado de Meditación y Mindfulness - Rosa Mari Dulcet

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  1. SESIÓN 1

    EL MÉTODO POU
  2. GUÍA PARA EL CURSO
  3. INTRODUCCIÓN
  4. EL CHANT: PRANAYAMA MANTRA Y MEDITACIÓN CON CUENCO
  5. PRÁCTICA DEL NAMASTÉ
  6. SATSANG GURURAJ: VIVIR EN EL PRESENTE
  7. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 1
  8. SESIÓN 2
    DISCIPLINA
  9. ATENCIÓN PLENA
    1 Tema
  10. RESPIRACIÓN CONSCIENTE Y PRANAYAMAS
  11. SATSANG GURURAJ: EL JUEGO DE LA VIDA
  12. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 2
  13. SESIÓN 3
    EL RAJA YOGA
  14. MEDITACIÓN CON MANTRA
  15. REVISIÓN DE LAS TÉCNICAS DE MEDITACIÓN
  16. SATANG GURURAJ: RAJA YOGA
  17. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 3
  18. SESIÓN 4
    LAS EMOCIONES Y LOS SENTIMIENTOS
    2 Temas
  19. PRACTICANDO LA NO VIOLENCIA
  20. SATSANG GURURAJ: LA ORACIÓN
  21. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 4
  22. SESIÓN 5
    EL ESPÍRITU, LA MENTE Y EL CUERPO
  23. LA EVOLUCIÓN DE LA MENTE
    1 Tema
  24. LA MENTE INDIVIDUAL
    1 Tema
  25. YOGA NIDRA
    1 Tema
  26. SATSANG GURURAJ: EL NO DUALISMO
  27. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 5
  28. SESIÓN 6
    KARMA YOGA
    1 Tema
  29. LA IDENTIDAD. EL EGO
  30. SAMSKARAS. KARMA Y GRACIA
    1 Tema
  31. MEDITACIÓN TRATAK
    1 Tema
  32. LA AFIRMACIÓN
    1 Tema
  33. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 6
  34. SESIÓN 7
    LOS PENSAMIENTOS
    2 Temas
  35. LAS CREENCIAS
    1 Tema
  36. EL BIEN Y EL MAL
    2 Temas
  37. PRÁCTICA ESPIRITUAL
  38. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 7
  39. SESIÓN 8
    LA CULPA
    1 Tema
  40. AMAR LO QUE ES
  41. PRÁCTICA DE MEDITACIÓN GUIADA
  42. PRÁCTICA DE ESTUDIO: COMO ABRIR EL CORAZÓN
  43. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 8
  44. SESIÓN 9
    LA GRACIA Y EL GURUSHAKTI
  45. FUNDIRNOS EN EL AMADO Y HACER GURUSHAKTI
  46. LA PREPARACIÓN PARA EL AMOR
  47. QUE ES EL AMOR
  48. CONTRO DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 9
  49. SESIÓN 10
    LA COMUNICACIÓN ASERTIVA, NO VIOLENTA
  50. PRÁCTICAS DE PURIFICACIÓN
  51. LA PUREZA
  52. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 10
  53. SESIÓN 11
    BHAKTI YOGA
  54. LA ACEPTACIÓN
  55. LA DEVOCIÓN
  56. LA ENTREGA
  57. EL SERVICIO
  58. CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 11
  59. SESIÓN 12
    YOGA NIDRA 2
  60. MATERIAL ANEXO: 10 MOVIMIENTOS MINDFULNESS
  61. PRÁCTICAS SESIÓN 12

La identidad es una parte de la mente y junto con las memorias forman el ego. La mente puede engañarse a sí misma de que lo que ve es realmente el dibujo completo, la realidad, pero solo es capaz de percibir una pequeña parte. Con este error la mente nos engaña y nos hace creer que somos justo como nos percibimos, separados del todo, sin darnos cuenta de la unidad. Si no somos capaces de ir más allá de la mente, no podremos tener otro punto de referencia.

El hombre cuando empieza a pensar, empieza a ser consciente de sí mismo desarrollando una forma mayor de individualidad, el ego, con un fuerte deseo de preservarse a sí mismo. Esta individualidad lleva al hombre a asumir un sentido del “yo” de mí y de lo mío y se convierte en la causa de todos sus conflictos e infelicidades.

El ego, el personaje, el yo pequeño, no es más que un conjunto de programas creados con la finalidad de que nos adaptemos al medio lo mejor posible, no es bueno ni malo. Tan solo es inconciencia, ignorancia, que puede ser transformada en conciencia, sabiduría y luz.

El ego se refina, no es aniquilado. El ego permanece, pero en una forma refinada y sin ataduras. Porque sin él no podríamos existir en una forma física encarnada. No podríamos funcionar en el mundo sin el sentido básico de individualidad que lleva el ego.

El principal conflicto es entre lo que realmente eres y lo que crees que eres. 

Lo que creemos que somos, la situación actual de nuestra vida, la forma como funcionamos dentro de nuestro mundo, es una verdad relativa. Identificados con el cuerpo y la mente basamos nuestra identidad en la apariencia y necesidades física, los sentimientos, los pensamientos, actitudes…  Pero mi situación es algo que surge, dura un tiempo y se acaba. Surge amor, odio, pensamientos, hambre, sufrimiento… pero cuando no están las condiciones, desaparece. Funcionamos dentro de esta verdad relativa como si fuera absoluta pero no lo es, porque si fuéramos absolutos, nosotros y nuestras relaciones nunca cambiaríamos. 

El ego nos empuja a comportarnos de cierta manera de acuerdo a los patrones establecidos con base a nuestras memorias y nuestro karma. Un sistema que quiere perpetuarse pero que no tiene su propia entidad. Queremos preservarlo a toda costa, tenemos el hábito de buscar la seguridad afuera, lo que nos genera miedo al cambio y lo único seguro del mundo relativo es el todo siempre está cambiando. 

El sentido de nuestra vida está dentro no afuera. No podemos definirnos por cosas relativas, aunque lo hacemos constantemente. En lo relativo nos tomamos las cosas muy en serio, solo cuando nos distanciamos, contactamos con el espacio interior y tomamos distancia de la cosa; podemos tener sabiduría y perspectiva. 

Identificados con esta identidad queremos mantenerla a toda costa, aunque realmente no le importa a nadie la historia que nos contamos, porque todos estamos preocupados tratando de mantener nuestra propia historia. 

Todas estas historias que estamos tratando de mantener, cada uno la suya, ninguna tiene importancia y con el tiempo desaparecerán. ¿Tú conoces la historia de tus bisabuelos? ¿Sabes lo que pensaron, lo que hicieron, lo que les importaba…? En dos generaciones, o menos, aquello con lo que te has identificado, aquello que te preocupa tanto, habrá desaparecido por completo.

Lo que realmente eres es lo que nunca empezó, lo que nunca terminara, lo ilimitado, lo inmutable, lo que es estable, es la verdad absoluta, pero no lo percibimos porque estamos muy identificados en lo relativo.

Siempre deberíamos tener un espacio para ver lo real y entender que las cosas relativas no son reales pero que tenemos que funcionar en ellas. 

Si afrontamos la vida con esta actitud es más agradable, las circunstancias no nos controlan y podemos afrontar la adversidad de otra manera. Necesitamos la meditación, volver a casa, a nuestro verdadero ser, sentir esa lucidez, la paz detrás de lo relativo. 

La formación del ego

Al nacer ya traemos algunas tendencias y sobre ellas se construye un nuevo condicionamiento. Todas las experiencias acumuladas nos condicionan.

La identificación. Empieza en los primeros años de vida, con el “yo soy un cuerpo” “yo soy un niño o niña” …aparece el primer sentimiento de identidad. Comenzamos a construir nuestra personalidad, nuestro ego.

El pasado. La memoria comienza a funcionar. Construimos nuestro pasado con recuerdos y nos aferramos a ellos. Nuestro pasado es parte de esta identidad.

El futuro. Con la identificación con nuestros recuerdos, comenzamos a proyectarnos en el futuro. Aunque la vida sucede aquí y ahora nosotros estamos en otro lugar (los pensamientos).

El modelo. Se crea con las nuevas impresiones que vienen del exterior. A través de nuestros padres y el entorno social, cultural y religioso construimos la estructura de pensamiento. Un condicionamiento que nos limitará hasta nuestra manera de sentir. Aprendemos que tiene más valor el comportamiento (lo que haces) y lo que tienes, que el ser interior que eres.

Represión. Por amor aprendes a reprimirte para evitar conflictos. Esto nos provoca la desconexión del ser y la pérdida de la confianza en nosotros mismos y nace un sentimiento de indignidad, de inseguridad, de desvalorización.

Inseguridad. El sentimiento de desconfianza con nosotros mismos nos hace buscar la seguridad afuera y empezamos a copiar modelos. Se crean hábitos condicionados, aprendemos a dar respuestas positivas a estímulos positivos y respuestas negativas a estímulos negativos.

Creemos que somos libres y tomamos decisiones, pero ¿Cuán libres somos y hasta qué punto estamos condicionad

Ver con qué facilidad nos dejamos condicionar por circunstancias externas.

Manipulación. A medida que nos reprimimos y controlamos para ser amados, aprendemos a controlar a los demás igual que han hecho con nosotros. Utilizamos la seducción, la manipulación y nos vendemos. Siguiendo este modelo de moralidad que hemos aprendido, nos convertimos en hipócritas y comenzamos a mentir. Construimos nuestra máscara social (la apariencia).

Así sucede como nos encontramos viviendo fragmentados, nuestro mundo interior está completamente partido en pedacitos que llamamos “yo”. Así cuando no vivo conectado a mi ser real, los yoes se van sucediendo en mi interior y me identifico con todos y cada uno de ellos. Cada uno de estos personajes que viven en nuestro interior tiene un propósito distinto. Por ejemplo: el perezoso tiene el objetivo que nos sintamos seguros, al no hacer nada, nada nuevo sucede ante nosotros y no tenemos que adaptarnos a los cambios. La soberbia quiere que nos sintamos reconocidos para aumentar nuestra falta de autoestima. Lo que es evidente es que todos quieren algo y existen muchísimos. Por nombre algunos: el pesimista, el optimista, el responsable, el envidioso, el aburrido, el insensible, el crítico, el goloso, el orgulloso…

El proceso de identificación, con los distintos personajes, empieza siempre en la fase del deseo. Los deseos no son malos, nos empujan a la acción. Eso sí, hay deseos que provienen de la parte más inconsciente y hay anhelos que provienen de las partes más elevadas. Debemos recordar que cuando estamos muy identificados con la naturaleza egoica, quién genera el deseo es el ego.

Después del deseo, al identificarnos con el personaje de turno, aparece una expectativa. La expectativa de satisfacer el deseo. En esta fase damos continuidad al deseo en la mente, donde proyectamos de forma más o menos sostenida, la imagen de nosotros mismos satisfaciendo el deseo (por ejemplo, si nuestro deseo es comer un trozo de pastel al llegar a casa, seguramente horas antes nuestra mente ya estará planeando ese deseo y recreándose mentalmente con su satisfacción). Con la imagen del momento de satisfacción del deseo en la cabeza, todo lo que tenga delante perderá interés y, por lo tanto, no lo estaré viviendo en realidad. Estoy proyectando en mi mente una situación del futuro: solo tiene valor el instante en el que llegue a casa y consiga comerme el pastel. El ego nos quiere convencer que solo entonces podré ser feliz… 

Pero esto convierte la vida en una “sala de espera”, hasta que se produzca el momento de satisfacción del deseo. La expectativa nos convence que, en un momento futuro, va a suceder algo genial y, que mientras eso no ocurra, todo lo demás será aburrido, de poco interés…

El ego no puede quedarse sin expectativas, siempre está esperando más y más todo el tiempo, y al estar energetizado con la energía divina en realidad la está buscando. Pero en vez de internalizar esa búsqueda e ir más profundamente al nivel espiritual -que es mucho más profundo que la mente-, siempre espera más y más, y entonces esas mismas expectativas son la causa de la decepción.

Cuando tengo una expectativa puede suceder que ésta tenga éxito o que no lo tenga. En el caso anterior, puedo llegar a casa y puede suceder que: 

1– No tenga éxito (alguien se lo haya comido). Si el pastel no está en la nevera, tal y como yo había imaginado en mi mente, es posible que aparezca el resentimiento y, con él, la frustración. 

2-Tenga éxito (el pastel aún esté en la nevera). consiga comerme el pastel, también caeré en la frustración pues, cuando lo termine, volveremos a encontrarnos cara a cara con la cruda realidad: Yo sigo siendo el mismo y me siento igual de vacío que siempre. 

Esto genera mucha incomodidad. Por ello, esperamos que un nuevo deseo surja de nuevo para tener otra distracción que nos haga olvidar la frustración y la experiencia del vacío existencial.

La búsqueda del placer. Para aliviar esta tensión, cedemos a los placeres externos (comida en exceso, drogas, sexo, compras compulsivas…) y nos volvemos adictos a ellos. 

Al final, lo único que conseguimos es convertir nuestra experiencia de vida en una experiencia automática, en una experiencia vivida por el personaje. Y siempre estamos en alguna de estas fases. 

Todos los personajes están esperando algo, esperan que se cumpla la expectativa, y de este modo acabamos valorando la vida por lo que vendrá y no por lo que Es. Todos tienen una proyección de cómo deberían ser las cosas. El ego siempre compara momentos: lo que tengo y lo que debería tener (según el personaje de turno). Por este motivo, aparecen los momentos “mejores” y los momentos “peores”. Cada personaje persigue con ansias su momento ideal y, cuando lo atrapamos, al cabo de un rato nos volvemos a sentir vacíos. 

Insatisfacción. Vivimos en un estado de profunda insatisfacción, siempre hay algo que falta en nuestra vida. Es una constante búsqueda para satisfacer los deseos llenos de expectativas que nunca nos traen la satisfacción plena, si somos lo suficientemente sensibles, desarrollamos un sentimiento de culpa.

Consecuentemente, nunca estamos viviendo el momento presente. El ego nos condena a esta situación. Repetir este círculo vicioso de pasado y futuro, de expectativa y frustración en el que solo hay sufrimiento. Nos encontramos bajo una gran presión y estrés que nos conduce al agotamiento y a la depresión. Y perdemos el sentido de vida.

El hombre por un lado es dominado por el deseo de su ego de mantener a toda costa su sentido de individualidad y por otro es conducido hacia adelante por su deseo interno de continuar su progreso a lo largo del camino evolutivo. En la mayoría de las personas la necesidad de autoconservación eclipsa la búsqueda más grande, y el hombre se pierde en un embrollo de necesidades y deseos. 

Las personas piensan que si tienen una casa con diez habitaciones serán felices. Pero a la semana se cansan. Si piensas que comprándote un Cadillac serás feliz veras que a la semana pierdes la alegría de tener el coche. Es como un niño, le regalas un juguete, juega con él una semana, luego lo tira y tienes que comprarle otro juguete. La mente del adulto funciona como la de un niño. La verdadera felicidad solo se puede buscar a través de la integración y no del apego porque el apego trae problemas.

La conexión con la parte espiritual nos permite salir de este círculo mecánico y vivir la vida integrada desde el ser real. 

Aunque tenemos muchas identidades temporales: El cuerpo, el aspecto, el género, la familia, el rol familiar, la nacionalidad, el trabajo, la religión, la posición, el equipo de futbol… también tenemos la identidad atemporal y espiritual que hemos olvidado. 

Observar los papeles que hacemos 

Hacer una lista de las pautas de conducta con las que funcionamos, los hábitos que tenemos. 

Por ej.: La pauta de la impaciencia: me cuesta esperar y me aburro o me pongo nervioso. O la pauta de ser responsable: sufro y controlo para que salga todo bien y a veces también me comporto con agresividad, o soy amoroso, bondadoso…

Tenemos que practicar que somos un actor representando diferentes papeles, en el trabajo, en la familia, al ver un partido de fútbol… Ser un alma que practica en una religión determinada, en un trabajo determinado, que tiene una familia… Esto te da estabilidad y cuando una identidad desaparece nos sufres, porque entiendes y sabes regresar a tu centro, vuelves a ti y no te dejas influir por esas circunstancias externas. 

La vida es un juego sí sabes regresar a tu identidad espiritual.

A lo largo del camino el hombre acaba viendo que es su ego el que está causándole sufrimiento e impidiéndole darse cuenta de su verdadero ser, a causa de su fuerte y dominante deseo de autoconservación. Pero de hecho no es su ego por sí mismo, lo que él tiene que perder, sino la identificación y el apego a él. Cuando la realización ocurre el ego se conserva, pero él ya no busca la autoconservación. Se convierte puramente en una herramienta funcional, usada para canalizar la luz interior en todo su brillo y claridad.

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