PoU 2. Avanzado de Meditación y Mindfulness - Rosa Mari Dulcet
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SESIÓN 1
EL MÉTODO POU -
GUÍA PARA EL CURSO
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INTRODUCCIÓN
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EL CHANT: PRANAYAMA MANTRA Y MEDITACIÓN CON CUENCO
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PRÁCTICA DEL NAMASTÉ
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SATSANG GURURAJ: VIVIR EN EL PRESENTE
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 1
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SESIÓN 2DISCIPLINA
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ATENCIÓN PLENA1 Tema
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RESPIRACIÓN CONSCIENTE Y PRANAYAMAS
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SATSANG GURURAJ: EL JUEGO DE LA VIDA
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 2
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SESIÓN 3EL RAJA YOGA
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MEDITACIÓN CON MANTRA
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REVISIÓN DE LAS TÉCNICAS DE MEDITACIÓN
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SATANG GURURAJ: RAJA YOGA
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 3
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SESIÓN 4LAS EMOCIONES Y LOS SENTIMIENTOS2 Temas
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PRACTICANDO LA NO VIOLENCIA
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SATSANG GURURAJ: LA ORACIÓN
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 4
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SESIÓN 5EL ESPÍRITU, LA MENTE Y EL CUERPO
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LA EVOLUCIÓN DE LA MENTE1 Tema
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LA MENTE INDIVIDUAL1 Tema
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YOGA NIDRA1 Tema
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SATSANG GURURAJ: EL NO DUALISMO
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 5
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SESIÓN 6KARMA YOGA1 Tema
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LA IDENTIDAD. EL EGO
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SAMSKARAS. KARMA Y GRACIA1 Tema
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MEDITACIÓN TRATAK1 Tema
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LA AFIRMACIÓN1 Tema
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 6
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SESIÓN 7LOS PENSAMIENTOS2 Temas
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LAS CREENCIAS1 Tema
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EL BIEN Y EL MAL2 Temas
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PRÁCTICA ESPIRITUAL
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 7
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SESIÓN 8LA CULPA1 Tema
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AMAR LO QUE ES
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PRÁCTICA DE MEDITACIÓN GUIADA
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PRÁCTICA DE ESTUDIO: COMO ABRIR EL CORAZÓN
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 8
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SESIÓN 9LA GRACIA Y EL GURUSHAKTI
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FUNDIRNOS EN EL AMADO Y HACER GURUSHAKTI
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LA PREPARACIÓN PARA EL AMOR
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QUE ES EL AMOR
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CONTRO DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 9
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SESIÓN 10LA COMUNICACIÓN ASERTIVA, NO VIOLENTA
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PRÁCTICAS DE PURIFICACIÓN
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LA PUREZA
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 10
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SESIÓN 11BHAKTI YOGA
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LA ACEPTACIÓN
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LA DEVOCIÓN
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LA ENTREGA
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EL SERVICIO
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CONTROL DE PRÁCTICAS Y PDF SESIÓN 11
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SESIÓN 12YOGA NIDRA 2
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MATERIAL ANEXO: 10 MOVIMIENTOS MINDFULNESS
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PRÁCTICAS SESIÓN 12
EL BIEN Y EL MAL
La creencia de que: “el mal existe y lucha contra el bien” es una creencia muy arraigada en nuestra cultura.
Sobre ella se construye nuestra visión del mundo. No solamente basamos en ella las novelas, las películas, las leyendas, los cuentos … sino también la visión de nuestra vida. Dividimos el mundo en buenos y malos, entre los que nos hacen bien (los buenos) y los que nos dañan (los malos), en los que defienden las leyes (los buenos) y los que son terroristas (los malos), los de nuestro partido (los buenos) y los de los otros partidos (los malos) …
Toda nuestra cultura se construye creyendo en la lucha continua entre el bien y el mal. Esto nos lleva a creer que es lo “normal” y que ambas cosas existen.
Nos enseñaron que nosotros estamos en el lado del bien. Pero también nos dijeron que hay malos y que hay que luchar contra ellos, porque si no nuestra vida será mucho peor y habrá terribles consecuencias.
Nos definieron a una colección de personas, de países, de ideologías… como malvadas. De este modo, los enemigos son socialmente compartidos y la presión social nos lo recuerda continuamente. Y sin querer, nos lo hemos creído.
Nos dijeron que la violencia, bien usada, es sabia. Nos dijeron que tenemos derecho a usarla contra los demás en defensa propia y como mal menor. También nos hablaron de guerras santas. Hemos creído que ciertas violencias están justificadas. Lógicamente, las nuestras son las buenas. Las de los demás, son las malas contra las que luchar.
También nos dijeron que no luchar contra el mal era insolidario y de cobardes. Nos hicieron creer que en ciertas ocasiones nuestro honor estaba vinculado a la defensa violenta.
Al creer en esto, que el mal existe, nos hace sufrir y nos obliga a luchar contra él. Llenamos nuestra vida de violencia y desgastamos nuestra energía continuamente. Además, no nos centramos en lo positivo, sino en lo negativo haciéndolo crecer… y quedamos atrapados en una lucha continua.
Creer esta idea errónea, lleva la violencia a cualquier lugar donde nosotros vayamos. Nos resulta imposible estar en paz: la guerra está en nuestro interior. Cuando creemos que el mal existe, también acabamos creyendo en la existencia de seres malvados. Y pensamos que somos distintos a ellos: nos creemos superiores y buenos. En consecuencia, debemos luchar contra ellos. Nos impedimos ponernos en su lugar y desarrollar la empatía. Nos impedimos aprender.
Al confundir la sabiduría y la valentía con violencia, la repetimos continuamente en nuestras vidas pues creemos que esa violencia es un valor. Mientras pensemos así, es inevitable sufrir.
La valentía no es luchar, sino desear aprender, a pesar de las dificultades que te encuentres. Ser valientes es abrazar la vida que te toca vivir hasta saberla vivir con sabiduría y, por lo tanto, generando resultados de felicidad. La defensa propia no se refiere a la violencia física, sino a defender lo esencial y fundamental: tu paz interior. Cualquier cosa que te lleve a perder la paz interior, no es una defensa, sino un ataque que te realizas a ti mismo.
Esta visión socialmente construida es errónea y falsa.
Cuando hacemos un mal, aunque podemos ser conscientes de generar dificultades y dolor a otras personas, animales o cosas, no lo hacemos por el mal en sí, sino porque damos más importancia a nuestro bien, a nuestro placer, a nuestras ideas, a nuestra venganza, a nuestros ideales que al daño que estamos infligiendo.
Cuando hacemos daño a los demás, aunque no ignoramos que les generamos dolor, lo hacemos porque tenemos un motivo, algo que nos justifica. Por ejemplo: Puede que robemos algo, que matemos a alguien, que pongamos los cuernos a nuestra pareja, que ordenemos el bombardeo de una ciudad, que no reciclemos el papel o el plástico, que compremos un producto muy barato tras el cual, sin duda, hay explotación laboral y contaminación ambiental … no lo hacemos para hacer daño, no lo hacemos por el mal en sí mismo, sino porque tenemos un motivo que nos justifica, buscamos un bien, una razón.
Estas conductas generen dificultades y sufrimiento, pero este dolor es una consecuencia no buscada, que lo que se busca es algo que se considera “buena” partiendo de una visión miope y egoísta. La idea de que el “daño” como tal existe, nos ayuda a creernos junto a los “buenos” y con motivos justificados para ir contra los “malos”. Esta creencia genera el derecho a la venganza, es decir, genera dolor, violencia y daño hacia la gente. Pero esta creencia no es la demostración de la existencia del mal, sino una muestra de nuestra ignorancia.
Los cocodrilos son peligrosos, pero sólo son cocodrilos. Si te llevas un cocodrilo a casa, no te extrañe que de un mordisco y te arranque la mano. No se trata de maldad, sino de la incapacidad del cocodrilo de ponerse en tu lugar y de tejer vínculos afectivos, tener empatía, de reconducir el hambre hacia formas de comer que no dañen a los demás.
Los cocodrilos son cocodrilos, tienen un cerebro reptiliano y aún deben evolucionar para poder actuar diferente. No son el mal, les falta evolucionar y aprender. Son, de alguna manera, ignorantes. Son perfectos como cocodrilos, pero peligrosos. Agreden, pero no son el mal. Con las personas pasa exactamente igual. Cuando se inicia una guerra, se hace bajo la justificación de unos ideales o de evitar un peligro que parece más grande. No es por maldad, es por ser cocodrilo. Cuando no se recicla el papel o el plástico porque da pereza, tampoco es por maldad, sino por ser cocodrilos. Cuando una persona mata a otra porque quiere su dinero o la viola porque quiere vivir un placer que no obtendría de otro modo, también se deja llevar por su cocodrilo interior: valora más el dinero o el placer que la integridad de la otra persona.
Somos cocodrilos. Cada uno a nuestro nivel. Algunos somos cocodrilos muy peligrosos, otros menos. Pero todos somos cocodrilos incapaces de ponernos siempre y en todo momento en el lugar de los demás y actuar siempre con justicia.
Naturalmente esto termina “dañando” gente. Algunos hacemos más daño que otros, pero no somos diferentes en esencia, sino en grado. No se trata de que unos sean buenos y otros malos, no se trata de que el mal y el bien existen y estén encarnados en unos y no en otros. Sino que, simplemente, unos tenemos más o menos evolución y conocimiento que otros: todos somos cocodrilos, unos con un poco más de sabiduría y otras con algo menos.
Así que es absurdo luchar contra el mal, que no existe sin complicar las cosas, siempre se acaba haciendo daño a mucha más gente.
Los cocodrilos necesitamos ayuda para evolucionar. Como lo que nos falta es sabiduría está claro que es conocimiento lo que debemos buscar.
El mundo no se explica como una lucha entre el bien y el mal, sino como un ir obteniendo mayor sabiduría, aprendiendo y evolucionando. Cuanta más sabiduría se tiene, menos daño nos generamos a nosotros mismos, a los demás y al planeta. Por lo tanto, el “daño” del mundo se explica a partir de la ignorancia. Este es el verdadero problema. La ignorancia está en la raíz del dolor, el mal y la infelicidad.
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